El renacimiento de la aromaterapia


Francia ocupa, sin duda, el primer lugar en la historia moderna de la aromaterapia. Antes de nada, conviene recordar la relevancia de la región de Grasse en el arte de la perfumería. Curiosamente, además, el propio término aromaterapia fue acuñado en 1928 por René Maurice Gattefossé, en la misma época en que Alexander Fleming desarrollaba sus trabajos sobre penicilina. Gattefossé era un químico perfumista lionés que trabajó en sus investigaciones durante varias décadas. Según una célebre anécdota, se hizo una grave quemadura en la mano al producirse una explosión en su laboratorio; como enseguida la sumergió en un recipiente lleno de aceite de lavanda pudo observar que se producía curación sumamente rápida, sin infección ni cicatriz alguna. En 1931 publicó Aromathérapie, libro en el que describe sus experiencias y descubrimientos. Gattefossé fue el primero en establecer relaciones estructurales de los componentes aromáticos y en codificar las grandes propiedades de los aromas naturales : antitóxico, antiséptico, tonificante , estimulante, calmante….Ya en ese momento, anunció que en el futuro no podría sino reservar un papel preponderante a esa terapia, que es la que puede observarse hoy en día. También en la región de Lyon, el farmaceútico Sevelinge, dedicó su vida a desarrollar la aromaterapia, tanto en la medicina humana como en la veterinaria. Después de Gatefossé, Marguerite Maury inició una corriente orientada a la belleza, el bienestar y la prolongación de la juventud que arraigó con fuerza en Gran Bretaña. En este país siguen desarrollándose todavía hoy numerosas Schools of aromatherapy, aunque de momento quedan fuera del ámbito de la medicina. En el renacimiento de la corriente francesa, hay que mencionar obligatoriamente a Jean Valnet, que fue el responsable de divulgar el extraordinario poder curativo de los aceites esenciales, en los años sesenta. En Valnet y su Aromathérapie se encuentra, sin lugar a dudas, el origen de la nueva oleada de interés, en este caso de la gente de a pie, por las esencias y los aceites esenciales. Más tarde, las escuelas de sus “ Dizzypulos “ , J.C Lapraz, C. Duraffourd, d’ Hervincourt y Belaiche, así como diversas agrupaciones más repartidas por todo el país, llevaron a cabo trabajos de profundización sobre la actividad antiinfecciosa de las sustancias aromáticas.